El día de hoy hice entrega de una cartera que encontré en un
espacio público. La cartera era de una joven y a través de este espacio quiero
compartir la enorme satisfacción que sentí al devolverla y al escuchar las
palabras de algunas gentes hacia mi persona. Y es que lo primero que la mayoría
hace al encontrar una cartera es buscar que trae dentro; buscar más que nada
por efectivo. En mi caso solo busque una identificación para saber a quién
regresarla. Esto llevo a que la gente me dijera que ya no hay gente honesta y
que me felicitaban. La verdad me sentí orgulloso de mi mismo, aunque otras
personas me dijeron que seguro la regresaba porque no tenía dinero. Yo creo que
los pequeños detalles y las pequeñas obras buenas ayudan a que las cosas
cambien. Siempre queremos que este mundo cambie pero la única forma de hacerlo
es si cada uno de nosotros realiza esas pequeñas obras todos los días. Y es que
el día que la encontré iba con mi sobrino y mi primo de 13 años. Mi primo al
verla pregunto si buscaba dinero a lo que conteste que no y le explique el porqué.
Espero que él aprenda de esta experiencia para que en un futuro el también obre
de buena fe y así él pueda enseñar a otros a hacer lo mismo. La familia de la
dueña de la cartera me pregunto si quería recompense. Eso me dio a
entender que hoy en día las personas no actúan si no ven un beneficio para
ellos. Yo no quise ninguna recompensa porque el saber que hice lo correcto es
ya una recompense. Espero que esta pequeña anécdota motive a muchas personas más
a hacer lo mismo.
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